REVISTAS DE HUMOR


LA AMETRALLADORA (1937-1939)


La importancia de La Ametralladora en el sector de la prensa española de humor no se debe tanto a su duración en el mercado como a su condición de fermento del que después habría de transformarse en el semanario humorístico más significativo de su siglo: La Codorniz.

La Ametralladora pertenece al grupo de publicaciones bélicas aparecidas durante la guerra civil, cuyo propósito, en principio, era denigrar al máximo al bando contrario. Por eso se subtituló "Semanario de los Soldados".

Nació el 25 de enero de 1937 en Salamanca, editada por la Delegación del Estado para Prensa y Propaganda de la zona nacionalista, con el nombre de La Trinchera, pero al coincidir el nombre con otra del bando opuesto, cambió a La Ametralladora a partir del tercer número. Desapareció el 21 de mayo de 1939.

Los primeros números constaban de 8 páginas, pero pasaron sucesivamente a 16 y luego a 20 a partir del vigésimo noveno. Su formato era de 42,5 x 28 (gran folio) y se vendió a 15 céntimos y después a 25, siendo gratis para los soldados. Portada y contraportada estaban ilustradas a color, a cuatro tintas.

En sus comienzos no se distinguió de otras publicaciones del género belicopropagandístico: agresiones exageradas a lo dañino, fétido y viscoso del enemigo, loas a la bandera, himnos, canciones y proclamas de Franco, propaganda de los triunfos propios, etcétera.

Miguel Mihura, nuevo director de La Ametralladora
Pero a partir del mes de noviembre del 37 pasa a dirigirla Miguel Mihura y se produce un cambio fundamental: el humor agresivo e insultante empieza a ceder paso a ese otro humorismo nuevo de irradiación vanguardista que ya había tenido un antecedente con Ramón Gómez de la Serna, Jardiel Poncela, Edgar Neville, Tono y el propio Mihura en semanarios como Buen Humor y Gutiérrez.

Además los tres últimos serán puntales de La Ametralladora, a los que se agregarán Enrique Herreros y un jovencísimo Álvaro de Laiglesia.

Progresivamente se va implantando un humor blanco, insospechado en una revista de ese cariz, hasta el punto de que en el verano de 1938 alguna autoridad denuncia que "ciertas secciones en el periódico de los combatientes van a deformar, no sólo el gusto moral de nuestros soldados, sino toda su psicología honrada y simple" .

Aparecen las famosas "tonerías" o cosas de Tono que también inicia sus "fotos con pie" en las que el texto contrasta con la imagen por absurdo; surgen los cuentos idiotas de Mihura, los teatritos y dramas despendolados, los sonetos del Vate Pérez (Edgar Neville), las "bonitas canciones de La Ametralladora"(en las que la letra sirve de pie a fotografías incongruentes elegidas con mucha inteligencia, y que luego emigrarán a La Codorniz), y algunas columnas como "Las charlas de doña Merenguitos", que se trasplantarán al Don Venerando de Ángeles Villarta (1953).

La última época de La Ametralladora
Desde el número 100 (25.12.38) nos encontramos con La Ametralladora convertida en lo que será La Codorniz : Mihura ya firma con su nombre (hasta entonces había utilizado el seudónimo de Lilo por temor a que se tomaran represalias contra sus familiares en la zona republicana) y Herreros se multiplica en portadas e ilustraciones interiores; el humor absurdo ha desterrado definitivamente al groserobelicista.

Y cuando el 21.5.39 se despide de sus lectores diciendo que "tal vez vuelva", ni su director ni sus artífices son capaces de intuir el dilatadísimo éxito que seguirá en el semanario heredero al trabajo que han iniciado aquí.