ANTON
CHEJOV (1860-1904)
Nieto
de un siervo liberado e hijo de un pequeño tendero, se crió en el campo,
donde reinaba el espíritu nacido de la abolición de la servidumbre.
Debido a la miseria en la que se encontraba, de joven decidió enviar
cuentos a las revistas humorísticas y sólo escribió para cubrir las
necesidades de su familia.
En
1884 aparece su primer libro de cuentos, pero fue a partir de 1888 con
su relato La estepa cuando Chéjov comenzó a ser conocido. De
las revistas humorísticas pasó a las literarias, y con él los cuentos
y novelas cortas, consideradas hasta entonces en Rusia como un género
menor, hicieron su entrada en la Literatura con mayúsculas.
A
partir de aquí comenzó una época literaria muy fértil. En 1892 publica
La cigarra y El pabellón número 6, en 1895 Una Ana
colgada al cuello y en 1896 consigue un fracaso estrepitoso con
su drama La gaviota. En 1899 entra en la Academia rusa, que dejaría
en 1902 debido a que esta excluyó de su seno a su protegido Gorki, por
razones políticas.
Es
la época de La dama del perrito, El hombre en el estuche y La
novia. En los últimos años de su vida escribe sus obras teatrales
más importantes: Tío Vania, Las tres hermanas y El jardín
de los cerezos.
Estilo
El nombre de Chéjov no se halla ligado a ninguna escuela o movimiento
y escapa de cualquier etiquetación. Gran amante de la amistad, del alcohol
y de las mujeres, la necesidad de dinero impuso a Chéjov la tarea literaria
como deber cotidiano.
La
grandeza de su obra, que refleja el reinado de Alejandro III y Nicolas
II, reside en la pintura de la vida cotidiana de hombres vulgares sujetos
a un destino mediocre. Su lengua, que maravillaba a Tolstoi, es simple,
escueta y reservada. Carece de énfasis y el humor está casi siempre
presente.
Su
maestría renovó el teatro ruso eliminando todos los aspectos convencionales
del mismo. Sus grandes obras de ambiente, sin intriga, muestran los
aspectos anodinos de la vida en el marco de las viejas propiedades donde
muere el mundo de los grandes señores rusos.
La
escritura chejoviana hace pensar en una estructura en la que los temas
son enunciados y puestos en relación entre ellos, pero sin que su capacidad
emotiva sea jamás explotada enteramente, lo que hace a sus relatos poseedores
de un encanto único en la historia de la literatura.
El
humor en Chéjov
Tal y como escribe en una carta en 1887 a su amigo Lazarev, Chéjov
basó la composición de sus obras humorísticas en un esquema muy simple:
una completa confusión, cada personaje posee una idiosincrasia peculiar
y un lenguaje propio, ausencia de intervenciones largas y un movimiento
ininterrumpido.
Entre
dos polos (la confusión y el desorden por un lado y el aislamiento y
la incomprensión por otro) se mueven sus pequeños relatos, con personajes
absurdos envueltos en sus propias circunstancias con sus propias ambiciones.