EL HUMOR EN LA LITERATURA

LENGUA Y LITERATURA FRANCESA. INTRODUCCIÓN

Francia posee, igual que en las artes plásticas, una literatura muy extensa y compleja, que ha influido en todas las literaturas occidentales durante muchos siglos. No en vano, el francés fue la lengua de cultura y comunicación internacional durante siglos, hasta que fue desplazado por el inglés a mediados del siglo XX. De Francia vinieron muchísimas innovaciones en el campo literario, innovaciones copiadas y adaptadas por escritores de otras naciones.

Como no podía ser menos, en lo que al humor se refiere, también nuestro país vecino es uno de los que posee un gran número de obras humorísticas indispensables para todo aquel que esté interesado en el tema, así como para todos los amantes de la literatura en general. Hoy en día, por desgracia, casi todas estas obras son desconocidas por la mayoría de la gente. El primer autor que presentamos es al genial Rabelais.

FRANÇOIS RABELAIS
Nació en La Devinière en 1494. Ingresó en la orden franciscana donde se dedicaba al estudio del griego. En busca de un refugio más propicio para su trabajo intelectual, pasó en 1525 a la orden benidictina y viajó por el Poitou y el Périgord. En 1530 aparece inscrito en la facultad de medicina de Montpellier, pero por dificultades económicas se traslada a Lyon, donde ejerce la medicina a pesar de no tener el título.

En 1532 publica los Aforismos de Hipócrates y el primer libro de su novela humorística Pantagruel, al que le seguirá Gargantúa en 1534. Dispensado de sus votos monásticos durante diez años (1536-1546) ejerce la medicina llevando una vida aventurera. En 1537 se doctora en Montpellier y logra introducirse en la corte. En 1546 dedica a Margarita de Navarra el tercer libro de Pantagruel, que es condenado por la Sorbona por herético. Tiene que huir a Metz, dirigiéndose después a Lyon e Italia. Más tarde obtiene una prebenda eclesiástica y pasa los últimos años de su vida en París donde muere en 1553.

Personalidad
La escritura de Rabelais oscila entre el humanismo y la jocosidad mordaz, que se vale de la parodia para plantear los grandes problemas de la época. Su horror al ascetismo, a la superstición, a la rutina y a la ignorancia y su fe en la ciencia hizo que criticara a la Iglesia pidiendo una serie de reformas que le relacionan con Erasmo.

Rechazó todo dogmatismo y encontró en la razón su serenidad. Su estilo literario posee el gusto por el detalle concreto y pintoresco y sus obras son un malicioso y divertido retrato de la sociedad que vivía en esa época.

Gargantúa y Pantagruel
Se trata de una obra compuesta por cinco libros aparecidos entre 1531 y 1564, del que el último no se sabe a ciencia cierta si pertenece o no al autor.

El gigante Gargantúa, (hijo de Grandgousier y de Gargamelle) prodigiosamente voraz, pero de temperamento pacífico y bondadoso, recibe una educación que muestra las ventajas de la pedagogía racional de los humanistas sobre los métodos tradicionales de la Sorbona; en los episodios de la lucha contra el ambicioso Picrochole, se condenan las guerras de conquista y se exalta la prudencia, el pacifismo y el espíritu conciliador de Grandgousier. Finalmente, en recompensa de las hazañas llevadas a cabo durante la guerra, el compañero de Gargantúa, fray Jean de Entommeures, recibe la abadía de Thélème, donde jóvenes de ambos sexos viven en armoniosa comunidad, gozando de todos los placeres del cuerpo y del espíritu.

Pantagruel narra la vida del hijo de Gargantúa. En él se satirizan las instituciones y costumbres francesas y se parodian las novelas de aventuras con un estilo desmesurado, ya que sus personajes llegan al Atlántico y a las Antillas (descubiertas hacía poco tiempo) y finalmente viajan a la Luna. Pantagruel opone su inalterable sentido común a todos los absurdos que encuentra a su paso dando pie a una sátira continuada. La muerte del autor deja inconclusa la obra apareciendo muchos años después un Quinto y último libro de los hechos y dichos heroicos del buen Pantagruel.

Según las últimas investigaciones filológicas parece ser que la obra podría pertenecer realmente a Rabelais. Suponiendo que no fuera así hay que admitir que no desmerece en absoluto este último libro de los cuatro anteriores.

El estilo humorístico
El estilo de Rabelais mezcla la comicidad con la gravedad de las cuestiones que se tratan. Se tocan todos los temas: la guerra, el imperio, la lengua, la imprenta, la pólvora, el hambre, la sequía, el matrimonio, la ciencia, la justicia, la educación… Pero todo desde un punto de vista distorsionado que además se mezcla con situaciones grotescas que van sucediendo a lo largo de la historia.

Ésta es la base de la comicidad que impregna toda la obra, donde lo grosero es sólo un componente más de un humor genial. Rabelais hace reír con la perversión del sentido común que resulta del choque del discurso de sus personajes y de la realidad.

Rabelais en la Red

Resulta difícil encontrar una página web en castellano de este autor que sea lo suficientemente completa para todo aquél que esté realmente interesado en Rabelais. Puedes visitar: