CARLOS
ARNICHES(1866-1943)
Comediógrafo español. De muy joven se trasladó a Madrid donde trabajó como
periodista y empezó a frecuentar las tertulias literarias de autores de
sainetes y de "género chico".
Comenzó
a escribir solo o en colaboración con los saineteros más importantes
del momento, destacando las obras que hizo con García Álvarez (El
terrible Pérez, 1903, El pobre Valbuena 1904, El trust
de los Tenorios 1910, etc), pero sus grandes éxitos los consiguió
en solitario.
En
1898 con el estreno de El Santo de la Isidra se convierte en
uno de los autores preferidos del público, y a partir de aquí se sucede
éxito tras éxito. La popularidad de Arniches llegó hasta tal punto que
muchos de los modismos y giros lingüísticos del habla madrileña son
de sus obras.
Entre
las más de 300 obras que dejó escritas encontramos libretos de zarzuela
y sainetes costumbristas como El Santo de la Isidra 1898, Alma
de Dios, 1907; El amigo Melquiades, 1914; Los milagros
del jornal, 1924…
Y
también comedias con apuntes de humor negro y crítica social que el
propio Arniches denominó "tragedias grotescas", que no suelen suceder
en ambientes madrileños: La señorita de Trevélez, 1916; La
heroica villa, 1921; y Los caciques, 1920; crítica social
del campo español.
Arniches
obtuvo el reconocimiento de críticos como Pérez de Ayala y Pedro Salinas.
En 1917 publicó una colección de sainetes cortos titulados Del madrid
castizo. Sainetes rápidos, en el dominical Blanco y Negro.
Arniches imita el sainete al estilo de Ricardo de la Vega o Javier de
Burgos, pero su mérito reside en haber enriquecido el costumbrismo con
una postura moral populista donde toca todos los temas y se solidariza
con el pueblo.
El sainete
El sainete, pieza teatral jocosa y de carácter popular, había nacido en
los pasos y entremeses del Siglo de Oro, que solían representarse en el
intermedio de una obra de teatro.
De hecho, el término se utilizaba como sinónimo de paso y entremés, hasta
que en el siglo XVIII Ramón de la Cruz le dio el carácter costumbrista que
tiene hoy en día. Se puso muy de moda especialmente a finales del siglo
XIX donde destacaron autores como Ventura y Ricardo de la Vega, José López
Silva, los hermanos Quintero y Carlos Arniches, que supieron darle un nuevo
impulso a principios del siglo XX.
En el sainete, que en el siglo XIX sufrió una regeneración, se sucedían
los equívocos en la trama: el lenguaje castizo, el desgarro, el desenfado
y la gracia de los personajes era una característica obligada.
A
veces se incorporaban elementos de los sainetes musicales y aparecían arquetipos
chulos y cursis. La exaltación de los personajes de los barrios bajos, los
paletos provincianos, los gitanos, los caraduras o los soldados son frecuentes
en el género. Todo ello en media hora de representación, en un acto dividido
en cuadros, que normalmente solían ser tres.