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LA
CAMPANA DE GRÀCIA (1870-1939)
Semanario satírico, republicano y anticlerical, nació como bilingüe pero devino
catalán. Más interesado por la política estatal y hasta por la internacional
que por la catalana, comenzó siendo crítico con los movimientos catalanistas
pero luego fue modificando su línea para ayudar a Solidaritat Catalana e hizo
política de izquierdas de la clase obrera.
La
historia del semanario se solapa con la del popular barrio barcelonés que
lleva su nombre, Gràcia, que había nacido en 1626 en torno al Convento de
Nuestra Señora de Gràcia y fue municipio independiente hasta 1897, año en
que quedó anexionado a Barcelona.
En
el siglo XIX su población era predominantemente obrerista. En 1870 se produjo
la Revolta de les Quintes, cuando el municipio se opuso a la demanda del Gobierno
de enrolar obligatoriamente a los jóvenes en el Ejército.
El
general Eugenio Gaminde fue encargado de imponerse a la fuerza, y los
gracianos fueron llamados a la resistencia por los toques de la campana de
la Plaza de Oriente. Los militares la cañonearon repetidamente pero la campana
no dejó de tocar. La revuelta se prolongó del 4 al 9 de abril y se saldó con
27 muertos, saqueos y declaración de estado de sitio.
Un
nuevo semanario
Como respuesta a estos excesos el librero y editor Innocenci López Bernagosi
sacó el primer número de un nuevo semanario satírico el 5 de mayo de aquel
año, con el nombre de La Campana de Gràcia, ya que dicha campana se
había convertido en un símbolo mitológico de resistencia y del federalismo
que defendían muchos de los vecinos. Su formato era de 2´5 x 20´9 cm. y 4
páginas a dos columnas. Se vendió a 2 cuartos.
Con
el paso de los años aumentaron sus páginas, disminuyó el tamaño y el precio
aumentó según las circunstancias del mercado. En 1872 gobernaba la provincia
de Barcelona Bernat Iglesias y el general Laserna era la primera
autoridad militar de Cataluña. La monarquía de Amadeo de Saboya no
podía sostenerse en pie, los carlistas se habían arrojado al monte y reinaba
una gran tensión política.
En estas circunstancias se proclamó el estado de sitio y La Campana de
Gràcia, el gran semanario satírico del momento, fue suspendido
por Iglesias sin la menor justificación. Entonces dijo su editor: "
Està bé; no volen sentir campanades, doncs sentiran esquellots"; ("Esta
bien: si no quieren oír campanadas, escucharán cencerradas") y sacó L´Esquella
de la Torratxa (La Esquila [el Cencerro] de la Torrecilla) como variante
de La Campana, con el mismo formato y los mismos redactores. El gobernador
no se arredró y suspendió también L´Esquella.
Sin
Campana ni Esquella, el equipo editó una tercera revista, La
Tomasa, que era el nombre de una campana muy popular en Barcelona. Dos
años después, cuando se estaba trabajando en la restauración borbónica y había
reaparecido La Campana sufrió otra suspensión arbitraria, y en consecuencia
resucitó L´Esquella.
Por
fin, en 1879, tras una suspensión más de La Campana y la misma sustitución,
el semanario que nos ocupa optó por la línea festiva apartado totalmente de
la política y quedó definitivamente estabilizado.
Principales
colaboradores
Durante todo ese tiempo Josep Roca i Roca fue su director, simultaneando
la dirección con la de L´Esquella durante más de treinta años. Y lo
mismo que en L´Esquella le acompañaron Apel.les Mestres (escritor,
poeta, dibujante, comediógrafo y escenógrafo), Marià Foix i Prats,
Josep Llovera, Joan Llopart y Ramon Miró, dibujantes.
Con
el fin de la guerra civil y la instauración del franquismo lo republicano
y lo anticlerical quedaban proscritos. La Campana, acompañada por su
hermana L´Esquella, desapareció para siempre.
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