HUMORISTAS ESPAÑOLES ILUSTRES DEL SIGLO XX |
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RAFAEL CASTELLANO Entre los autores del humorismo avanzado del siglo XX hay dos Rafael Castellano: el Senior, con segundo apellido Gállego (al que se dedica esta información), y el que en segundo término se apellida de la Puente, o Castellano Jr., que popularizó el seudónimo de Falete y otros derivados en La Codorniz y que como Rafael Castleman ha escrito excelentes cuentos de terror. Rafael Castellano Gállego (1907-2001), que firmaba como Rafael, como Castellano, como R.C., como Ralph du Chatelier, como Errecas, y de alguna otra forma más o menos acróstica en las páginas de La Codorniz en la dilatada etapa de Álvaro de Laiglesia, no es que sea un "olvidado" (como es el caso de Fernando Perdiguero Camps) por los historiadores actuales del semanario: es que ya en su época era el gran ignorado. Mientras otros articulistas (y sobre todo, los dibujantes), acaparaban los focos de la atención popular por el sencillo procedimiento de la autopromoción, Castellano se mantuvo en un modesto segundo término al que no se le prestaba interés. Desde sus inicios, el problema del semanario había sido la necesidad de escritores que entendiesen (y practicasen) el "humor nuevo" promocionado por Miguel Mihura. El vacío se llenaba con trabajos señeros de Guareschi, Mosca, Manzoni y compañía, procedentes de Bertoldo y Cándido. Y Castellano lo solucionó brillantemente. Lo resolvió creando las "series" (lo que más de quince lustros después se ha descubierto en televisión como "formatos"). Castellano
inventaba un "formato" y lo repetía una vez y otra, hasta el infinito, con
la fórmula de "serie", lo que le permitía llenar como mínimo tres huecos
semanales de modo brillante. Así, además de resolver la necesidad técnica
del semanario, "instruía" al lector con el recurso del "reencuentro con
lo conocido" freudiano que tan efectivo es a la hora de la satisfacción
humorística. Aparte de secciones singulares, como "El chiste explicado", "El dedo en la llaga", "¡Tiemble después de haber reído!" y "La interviú impertinente" (por cierto, después imitada hasta la saciedad), las series más celebradas fueron "El preboste Remigio", "El conde Basilio", "Los areopagitas", "Lecturas para analfabetos", "Diálogos entre gentes bien nacidas", "Doña Eduvigis" (muy parecida al "Don Venerando" de Carlo Manzoni), "Estampas retrospectivas", "El valido", "Album de capitostes", "Diálogos morales para la juventud", "Lord Pepewood", "El nuevo pobre", "Diálogos de piratas", "El barón de Soutien de Parpadou", "El baronet y la huérfana", "El vendedor fracasado", "Diálogos de diablos", "El recluta y el aguerrido sargento" (evidentemente inspirado en Anton Germano Rossi), "El abuelo", "Diario de una técnica del hogar", "Diálogos de vecindario", "Memorias de un hombre de inacción", "La fotonovela" y, sobre todo, los "Poemas castúos", genial parodia de la obra poética de Chamizo, que luego se prolongaba con los "Diálogos del Gelipi y el Endelencio". Con un abanico tan amplio, nunca llegaba a fatigar y así él solo desarrolló la labor de todo un equipo de redacción. Desaparecida La Codorniz, se incorporó al equipo de su sucesora La Golondriz, rescatando tales secciones, que luego, a finales de los 90´ esta publicación estudió en profundidad. Digamos, por último, que una selección de los citados poemas castúos están recogidos en "Pan, amor y ecología", dentro de la Biblioteca de La Golondriz. |
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