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EL COCODRILO LEOPOLDO (1974-1975)
En noviembre de 1971 la Cadena de Revistas Eugenio Suárez (Sábado Gráfico,
Velocidad, Cine en 7 días…) celebró una gran fiesta social con el fin
de recaudar fondos para Pacys, asociación de padres de niños subnormales.
El reclamo (humorístico) ere el sorteo de un cocodrilo africano.
La
convocatoria resultó un éxito pero la ganadora de la rifa declinó el premio
y el saurio, que bautizado como "Leopoldo" se instaló en un acuario en el
salón de consejo de la empresa. Suárez, con otro rasgo de humor, inscribió
su nombre como cabecera en el registro oficial de publicaciones.
En
1974, mientras la sociedad española clamaba por más altas cotas de libertad
el franquismo estaba dando ostensibles muestras de agotamiento. Por aquel
tiempo Pgarcía, que había tratado sin éxito de conseguir un mayor compromiso
crítico de Álvaro de Laiglesia en La Codorniz, llevaba una páginas
humorísticas de éxito político en el Sábado Gráfico de Suárez.
Mostrándole ejemplares de Le Canard Enchainé le convenció de que ese
ámbito de denuncia sarcástica era el que debía cubrir en España la prensa
en aquellos momentos.
El
periodista-empresario decidió aprovechar el registro de la marca de El
Cocodrilo Leopoldo y le encargó su creación y dirección. Como por imposibilidades
oficiales no podía figurar como director, apareció como tal José Luis Rodríguez
Gallardo (que actuaba únicamente como maquetador), quedando él, de cara
a la galería, como coordinador general.
Principales
colaboradores
Dada inexistencia de articulistas de humor lo suficientemente impuestos en
política, reclutó a periodistas "serios" capaces de escribir humor, y así
reunió a Lorenzo Contreras ("El Lazarillo de Manzanares"), P. del
Barco, Eduardo G. Rico, A. Espada (Bonifacio Mancebo), María Eugenia
Yagüe, Adolfo Barricart, José Luis Herrera ("Dom Iosep"), Rafael Fraguas,
Camilo José Cela Conde, Ana Parrilla, desde Barcelona a Luis Cantero,
Castellá Gassols y Joan de Segarra y las colaboraciones de Celso Collazo
desde Moscú, y las de agencia de Art Buchwald. En la parte gráfica contó inicialmente
con Peridis, Almarza, Palacios, Fandiño, Benson (Guillermo Summers),
Miranda, Pablo, Quique, LPO, El Cubri, Navas, Néstor, Opal, Víctor, Ángelo
y algunos más.
Entre
sus secciones más celebradas figuraron las "Crónicas del subnormal" (comentarios
de la actualidad nacional desde el punto de vista de un presunto disminuido
psíquico), "El país en que vivíamos" (antología de las más hilarantes disposiciones
oficiales del franquismo), "Pero, ¿en qué país vivimos?" (críticas sobre hechos
del momento), "Rebotica inmobiliaria" (denuncias sobre el mundo de la banca),
"La tres tendencias" (un mismo asunto tratado desde tres ópticas distintas:
izquierda, centro y derecha) y las magníficas dobles páginas centrales con
estupendas caricaturas de las figuras más representativas o edificios oficiales
vistos en sección, con personajes hablando en cada departamento. 
La
publicación
El Cocodrilo Leopoldo (subtitulado "Semanario socializante de información
general") nació el 2 de septiembre de 1974 y murió el 4 de noviembre de 1975.
Fue una publicación semanal de 24 páginas, la mitad impresas en verde y negro,
y se vendió al precio de 20 pesetas. Su tamaño era 42 x 31 cm. Y se imprimía
en papel prensa.
Sus
cuarenta y cuatro semanas de existencia fueron de lo más azaroso. Para empezar
resultó secuestrado ¡su número cero!, que con una tirada de 30.000 ejemplares
no estaba destinado a la venta sino a informar a distribuidores y vendedores
(por una caricatura de portada dibujada por Peridis en la que se mostraba
a un Carlos Arias Navarro, entonces presidente del Gobierno, dubitativo,
caracterizado de "Charlie Brown").
Luego
sufrió otro par de secuestros más, algunos expedientes administrativos que
obligaban a levantar determinadas páginas, y dos comparecencias ante el Tribunal
de Orden Público. Por otra parte a los banqueros no les hacían la menor gracia
las críticas de "Bonifcacio Mancebo" a los asuntos inmobiliarios y presionaban
a Suárez en su contra, mientras Pgarcía se defendía de las ingerencias
del editor en su proyecto.
Esto
concluyó con su cese en la dirección, quedando como un participante más en
el semanario y pasando a aparecer en la mancheta como colaborador-fundador.
Le sustituyó Daniel Hortas, de temperamento más condescendiente, pero
que a su vez terminó cediendo el puesto a José Luis Herrera.
En
su último número apareció el típico editorial de despedida con el título de
"¡Hasta pronto!" , adiós temporal que siempre se promete pero casi nunca se
cumple. Su caso resultaría una de esas raras excepciones. Nueve años más tarde
habría de volver a los kioscos con el nombre más sincopado de El Cocodrilo,
para otra vida algo más dilatada pero tan azarosa como la de la primera.
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