REVISTAS
DE HUMOR |
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Dibujantes:
Mingote, Chumy Chúmez, Manuel Summers, Ramón, Almarza, Alfredo, José Julio,
Zulet, Cabezas, Kuto; escritores: Amando de Miguel, Alfonso Ussía,
Eugenio Haro, Antonio Herrero, Pgarcía, Gomaespuma, Pedro Sastre, Juan Pérez
Creus ("Pájaro Pinto"), José Luis Souto, Santiago Amón, Miguel Ángel García
Juez, Cavero, Carmen Rico-Gody, Pedro Crespo, Lorenzo Contreras, Barciela…;
y como diseñador, José Asensi. Suárez era capaz de concitar grandes adhesiones, pero resultaba profesionalmente difícil de tratar. Así, como en la peripecia anterior, los directores de El Cocodrilo (que había simplificado su nombre para recordar al satírico Krokodil soviético), se sucedieron: Andrés Vázquez de Sola (números 0 a 2), Rafael Martín Alonso (del 3 al 8), Jesús Ynfante (del 9 al 20), Alfonso Ussía (del 21 al 37), Carlos de Vega (del 58 al final); hubo un interregno, del número 38 al 57, en el que aparecía como director un inexistente Eduardo Sotillo, parafraseando el nombre del portavoz del Gobierno socialista Eduardo Sotillos, aunque las tareas de dirección estuviesen encomendadas a Raquel Actis; pero realmente quien tiraba siempre de los hilos directivos era Eugenio Suárez. El Cocodrilo tenía tamaño tabloide, se imprimía en rojo y negro, se vendía al precio de 100 pesetas, debutó el 11 de mayo de 1984 y murió en septiembre de 1986. Siguió, ahora sí, descaradamente a Le Canard Enchainé, convertido en estrella polar de Suárez que, entusiasta del "calambour", redactaba los de la cabecera (ya esta fórmula había sido impuesta con éxito antes de la II República por El Be Negre), o lanzaba titulares con juegos de palabras que hoy se consideran primitivos y que luego sus redactores habían de justificar con los textos correspondientes; ejemplos: "CON FRAGAS Y A LO LOCO", "PRIN-CIPOTE", "ASTURIAS O TRABAJAS", etc. La maquetación seguía la de los diarios clásicos, gozaba de preponderancia el texto sobre la ilustración, y todo se presentaba del modo más abigarrado. La apoyatura gráfica se basaba preponderantemente en la caricatura directa, aunque no se desdeñasen las viñetas de los "maestros", y los textos rebosaban un atrevimiento (y una ferocidad, aunque sin abandono de los buenos modos) no alcanzado hasta entonces en la prensa. Cuando
circuló el rumor de que el Rey podía padecer un carcinoma testicular, en su
número 86 El Cocodrilo tituló a siete columnas y con enormes caracteres
rojos: "LOS TESTÍCULOS DE DON JUAN CARLOS I, EN BUEN ESTADO". Su audacia y mordacidad le hizo víctima de órdenes de secuestro, de numerosos expedientes y hasta una orden a agentes del CESID por parte del Ministerio de Defensa para descubrir la identidad de los autores de ataques y punzantes comentarios sobre altos cargos, incluido el ministro Narcís Serra, por el profundo conocimiento que demostraban sobre interioridades de las más altas instancias. Por entonces ya atravesaba serias dificultades económicas, los lectores no respondían en número necesario, las puertas a las que llamó para obtener créditos le dieron con las mismas en las narices y así, el 26 de septiembre de 1986, se extinguió definitivamente. El auténtico cocodrilo "Leopoldo", que había presidido desde su terrario las tradicionales comidas de redacción de los miércoles en la sala de consejo fue regalado al Zoo de Madrid. Y allí permaneció, junto a la cafetería, con un rótulo que proclamaba su origen y su condición de mascota de la prensa satírica española durante dos décadas. |
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