REVISTAS DE HUMOR


CUCÚ (1944-1948)

Llevaba como subtítulo "semanario festivo". Comenzó a publicarse el 16 de abril de 1944 y desapareció el 31 de julio de 1948. Publicó doscientos quince números.

Su formato era de 20,5 x 30,5, constaba de 16 páginas en blanco y negro en papel de muy baja calidad, y portadas de otro de mayor gramaje, impresas a dos colores, con predominio del rojo, que algunas semanas se alternaba con el azul. Su precio de venta era de 1 peseta.

Con el paso del tiempo aumentó a 1´50, 2 y hasta 3 que fue el de los últimos números. La redacción inicial estuvo ubicada en General Álvarez de Castro, 16, de Madrid, y se imprimió en Artes Gráficas Ugina, de la calle Meléndez Valdés,7. A lo largo de sus cuatro años de existencia varió varias veces de domicilio y alleres.

Su editor y director fue Cristino Soravilla, figurando como colaboradores literarios José Francés, José Rosado, A. de Sotomayor, Alfredo Marqueríe, Ramos de Castro, "Mingo Revulgo", Torres del Álamo, Juan Soriano Algarra, Pablo Torremocha, Ángeles Villarta, Remedios Orad, Evaristo Acevedo, Eduardo Haro Tecglen, Julio Angulo, Ramón Barreiros, Ángel Santa Cruz, José de Córdoba, Curro Castañares, Serafín (antes de convertirse en dibujante afamado) y Santos Yubero.

Sus dibujantes más constantes fueron, además de Soravilla, Gabi, Ardel, Gila, Plácido, Bruno, Garrido, Conti, Picazo, Moro, Sirio, I. Cuesta, Paniagua, Carbonell, Pena, Aróztegui, Galindo, Carboneras, Estebita, Carmelo, Matamala, Teodoro Delgado, Mayor, Dávila, Tejerina, Tilu, Palacios, Méndez, Orbegozo, Ramiro, Sánchez Vázquez, Sanchidrián y Raúl.

Los méritos de Cucú
Cucú
, nacido tres años después de La Codorniz, significó un paso atrás en la concepción del humorismo periodístico. De algún modo así lo confesaba José Francés en el editorial de presentación del primer número, avisando que trataba de seguir el espíritu de las publicaciones similares anteriores a la guerra civil, enfatizando lo de "festivo", aunque estableciendo también su rechazo a lo chabacano.

Su maquetación resultaba anodina y la parte gráfica quedaba muy constreñida, con renuncia a la concesión del mayor espacio que ya estaban reclamando los tiempos. Cultivó hasta cierto punto la crítica de actualidad con temas urbanos, cine y teatro, y tuvo una singular sección, "Radio Cucú" que luego se convirtió en "revista de humor radiada" los sábados a las tres de la tarde, por Radio SEU.

Tuvo Cucú dos méritos: marcar el paso de lo festivo a lo auténticamente humorístico (tal vez involuntariamente) con secciones del calibre de "¿Cómo quiere usted que sea su estatua?", "Turismo a la madrileña" o los "Fotogramas sorprendentes"; y el de incorporar al humor para adultos a dibujantes habituales de la prensa infantil (de la que provenía su editor y director), como Ardel, Gabi, Carmelo y Conti.

Cucú dejó como recuerdo un espíritu cordial y simpático, y sirvió para que en sus páginas hicieran sus primeras armas nombres que después triunfarían clamorosamente en la prensa de humor.