REVISTAS DE HUMOR


DDT (1950-1966)


Su peripecia es muy similar a la de Can Can. Semanario de la ahora conocida como "factoría Bruguera", tuvo una época inicial dedicada al humorismo juvenil a base de páginas completas con personajes fijos creados por los artistas de la casa, con textos muy escasos (no obstante hay que destacar sus famosos "Diálogos para besugos", a veces firmados por Turnes), que se prolongó durante los primeros 15 años.

Comenzó titulándose El DDT contra las penas, aprovechando el renombre popular del dicloro-difenil-tricloroetano, famoso insecticida, y después quedó abreviado a El DDT, con el subtítulo de "Revista para los jóvenes", y más tarde "Revista humorística de actualidad" dirigida por Miguel Martí Monforte.

Solía constar de 20 páginas que utilizaban dos tintas alternativas, con portadas en cuatricomía. Su formato era de 26 x 18 cm. y sus dibujantes más habituales Peñarroya, Conti, Martz Schmidt, Manuel Vázquez, Rojas, Escobar, Francisco Ibáñez, Nené Estivill, Gosset y Sanchis. Ellos dieron vida a historietas de gran éxito como las de "Ángel Siseñor", "Apolino Tarúguez y su secretario", "Doña Tomasa", "La familia Cebolleta", "La familia Churumbel", "Don Berrinche" o "El botones Sacarino".

La segunda época
En 1965 inició su segunda época, y bajo la influencia de Jaume Perich, mientras seguía figurando Martín Monforte como director.

Repitió la fórmula del segundo de Can Can convirtiéndose en una especie de clon suyo seguramente para aprovechar comercialmente el impulso de ventas que estaba experimentando la publicación hermana.

Aumenta el formato a 35 x 25´5, deja el número de sus páginas en 16, se imprime a dos tintas (naranja y negra), fija su precio en 5 pesetas, y mantiene a los portadistas anteriores: Segura, Conti, Raf, Peñarroya y Vázquez, que también dibujarán chistes en el interior.

Subsisten algunas historietas como "El botones Sacarino", "Apolino Tarúguez" o "Ángel Siseñor", con menor número de viñetas, que irán haciéndose menos frecuentes con el paso del tiempo, hasta su casi total desaparición. Abundan los dibujos de agencia y, sobre todo, se multiplican los artículos de escritores procedentes de La Codorniz.

A los Armando Matías Guiu, Turnes, Conti, Perich, Hilario y Manuel Soria, que ya colaboraban anteriormente se unen Jorge Llopis, Pgarcía (ambos utilizando numerosos seudónimos), Oscar Pin, Ardanuy y el mismísimo Tono. Muchos de los artículos son ilustrados por artistas de la casa tan significados como Iñigo, y otras incorporaciones gráficas notables son las de Oli y Martinmorales, por más que este haya roto el fuego escribiendo.

La etapa final
El gusto codornicesco de Perich se hace notar en secciones de denuncia, y especialmente en la etapa final, con una página muy similar a la "Crítica de la vida" de aquella revista, con un añadido de comentarios cinematográficos que recuerdan demasiado al semanario de Álvaro de Laiglesia.

En el número 795, correspondiente al 26 de septiembre de 1966 aparece la típica nota que avisa la suspensión temporal de la publicación para proceder a ciertas reestructuraciones, pero en realidad es su fin.

La editorial abandonará la aventura del humor avanzado y se dedicará a las publicaciones infantil-juveniles, de historietas de una página, porrazos y héroes desdichados, que es lo que siempre le ha dado buenos resultados económicos.