DON
FURCIO BUSCABOLLOS
Pertenece al amplísimo panteón de héroes "desdichados" de la Editorial Bruguera.
Ideado por RAFAEL GOZÁLEZ (1910 - 1995), director artístico y factótum de
la editora, autor de sus primeros guiones, le dio vida gráfica GUILLERMO
CIFRÉ (1922 - 1962) en planchas autoconclusivas que aparecieron inicialmente
en Pulgarcito (1947), para seguir posteriormente en Super Pulgarcito,
Ven y Ven, Suplemento de Historietas de El DDT, hasta Tío
Vivo, en 1961.
Inicialmente
denominadas Las tremebundas fazañas de don Furcio Buscabollos, pronto
terminaron resumiendo la cabecera al nombre del personaje. 
Don
Furcio es un caballero medieval bajito, calvo, con enhiestos bigotes
en flecha, siempre vestido en férrea armadura que se dedica a desfacer entuertos.
Aparece acompañado por su caballo Isabelita, una yegua que practica
el bipedestrismo y habla como un ser humano.
La
peculiaridad del personaje es la de tener sus peripecias como marco el medievo,
espacio histórico poco transitado por los autores del cómic humorístico
español (que recordemos, sólo hay un antecedente: el Flecha Guerrero,
de A. OJEDA, que apareció a finales de los 30 y principios de los 40
en Flechas y Pelayos), donde se enfrenta a bandoleros, ayuda a princesas,
hace de quijote y recibe las correspondientes tundas, como suele suceder
con los personajes de la Casa.
La
originalidad y el éxito de don Furcio residieron en su lenguaje,
mezcla de castellano antiguo con italiano macarrónico que a veces era incorporado
al habla coloquial por sus jóvenes lectores.
Por
ejemplo, cuando exhibía un artefacto sorprendente y decía: "¡Sapristi! ¡Qué
aparati más extravaganti! ¿Qué utilitati tiene?", y su caballo avisaba:
"Es una máquina de afeitar eléctrica", era muy celebrado, además, por su
anacronismo.
Don
Furcio Buscabollos y su caballo Isabelita han pasado a la historia
del cómic humorístico como una de las más surrealistas creaciones de los
artistas gráficos españoles del siglo XX.