REVISTAS DE HUMOR


DON VENERANDO (1952-1953)


En contra de la costumbre general fue un semanario sin subtítulo. Inició su publicación el 2 de febrero de 1952 y desapareció tras cumplir los doce meses de existencia. Su formato era de 26 x 35,5, constaba de 20 páginas, las portadas de papel blanco y las interiores de otro más tostado y de peor calidad.

Solía emplear tres tintas (rojo, negra y verde - rojo y negro para las portadas) y su precio fue de 3 pesetas. Redacción y administración estaban ubicadas en García de Paredes, 53, en Madrid, y parece que se imprimió en los talleres Escelicer, que eran propiedad de José María Pemán y estaban impulsados por Jorge Guillén.

La directora de Don Venerando era Ángeles Villarta, y en sus páginas escribían, aparte de la directora, Luis Antonio de Vega, el fiscal Manuel Fonralbo y el periodista deportivo Rienzi.

En cuanto a los dibujantes españoles, prácticamente no existían. Toda la parte gráfica estaba ocupada por humoristas franceses, ingleses, italianos y argentinos, con chistes "de tijera", ya que en aquella época la propiedad intelectual era prácticamente inexistente. La maquetación seguía las pautas rutinarias de los diarios de información general y los textos ocupaban como mínimo las dos terceras partes del espacio, textos que la mayoría de veces aparecían sin firma. Don Venerando fue, en realidad, una aventura enloquecida.

Todo emanó de Luis Antonio de Vega que dirigía el exitoso semanario Domingo y había trabajado con Miguel Mihura en La Ametralladora con una serie de disparatados personajes como Doña Merenguitos, Doña Carolina, Don Gamuncio, Don Trinitario y Doña Veneranda. En Domingo había comenzado a colaborar Villarta, con crónicas bienhumoradas, y su director la convenció para crear Don Venerando (otro personaje famoso, surgido de la pluma de Carlo Manzoni, pero que fue saqueado por varios autores "furtivos"), con un grupo escaso de amigos que pusieron unos miles de pesetas y situaron la redacción y la administración en el domicilio de la directora.

No obstante la mayoría de las reuniones se llevaban a cabo en un bar de Chamberí. Por encima de la anarquía maquetadora y la escasez de recursos económicos, Don Venerando destacó por el ingenio con que se salvaban tales limitaciones y la inteligencia general vigente en sus páginas que las coloca por encima de las de sus colegas actuales, ahora, más de medio siglo después.

En lo gráfico se "robaba" (aunque con la gallardía de citar la procedencia de los originales), sí, pero los sometidos a pillaje eran nada menos que Gad, Bellus, Steinberg, Peynet o Landrú, con un complemento de reproducciones de revistas anteriores tan valiosas como Buen Humor y Gutiérrez.

Principales contenidos
Y en lo literario, junto a los personajes rescatados de de Vega de La Ametralladora, aparecían interesantes antologías de chistes de todo el mundo, parodias de periódicos a página completa, tribunales cómicos, teatro al ajo arriero, páginas de la mujer, divertidísimos noveloncios, críticas varias y, sobre todo, las antologías apócrifas, en las que se hacía figurar escritos aparentemente surgidos de las plumas de autores tales como Curzio Malaparte, P. G. Wodehouse, Edgar Wallace o Cami que daban por completo el pego.

Don Venerando se extinguió porque se había adelantado a su tiempo. Si ahora volviera a aparecer aquél Don Venerando, exactamente igual al de 1952, se extinguiría también. Porque seguiría adelantado para nuestro tiempo.