EL HUMOR EN EL CÓMIC

HIPO, MONITO Y FIFÍ

Hoy prácticamente olvidados, la aparición de "¡Horror, terror y furor!", el primer cuaderno de las andanzas de Hipo, Monito y Fifí (en 1940 según unos y en 1942 según otros), constituyó todo un feliz y sonado acontecimiento para los españoles gustadores de humor infantil.

Se trataba de animales andromorfos y se inscribían dentro del universo waltdisneyano de bichos humanizados, que ya contaba con su versión en el cómic (Mickey Mouse, Pato Donald y compañía), con otros creados exclusivamente para el mundo del papel como Yumbo, Tigre Tino y demás.

En el tiempo de su nacimiento el mundo animal-humano estaba presente con abundancia en las publicaciones infantiles, con las multitudes zoológicas de SORAVILLA, o las historietas de CASTANYS, pero Hipo, Monito y Fifí rompieron el techo de la popularidad.

Encarnaban las peripecias de un irascible hipopótamo enfrentado a las diabluras de dos simpáticos chimpancés (?) en un mundo animal ataviado con vestuario humano, en el que gags propios del cine mudo (riegos con mangueras, golpes al pisar rastrillos, caídas en toneles llenos de alquitrán o harina) se sucedían sin parar, siempre en detrimento de la integridad física del hipopótamo.

Personajes que completaban el coro eran don Trompa, Kan-Guro, don Cocodrilo, don Leo-Kadio y una serie de serpientes, oseznos y demás representantes de la fauna popular.

El creador de Hipo, Monito y Fifí, dibujante y guionista, fue EMILI BOIX (1908 - 1976), definido por los críticos actuales como el trasladador del cine cómico a la historieta, incansable creador de interminables y veloces persecuciones, golpes y sorpresas, todo un universo del mundo de la animación que se detuvo en las viñetas.

Las andanzas de los tres personajes y el acompañamiento correspondiente fueron publicadas por Ediciones Marco en cuadernos apaisados de ocho páginas más portadas a color con el título genérico de "Biblioteca especial para niños".

Tras una triunfal primera época y posterior desaparición, volvieron en 1953 de la mano de diversos dibujantes y guionistas para terminar incorporados a las páginas de la revista La Risa, pero ya no reverdecieron los laureles anteriores.