EUGÈNE
IONESCO (1912-1994)
Comediógrafo de origen rumano, nació en Slatina (Rumanía) en 1912, hijo
de padre rumano y madre francesa. En 1913 su familia se instala en París,
y el francés pasa a convertirse en su lengua materna. Ya desde muy joven
se siente fascinado por el teatro, especialmente por las marionetas e idea
piezas teatrales a modo de diversión. Después vuelve a Rumanía donde se
licencia en Francés y se casa en 1937 con una estudiante de filosofía.
En
1938 regresa a Francia, ya que obtiene una beca del gobierno francés para
escribir una tesis sobre los temas del vicio y de la muerte en la poesía
francesa desde Baudelaire.
Durante
la guerra se instala en Marsella y allí lee a los grandes escritores: Kafka,
Flauvert, Proust, Dostoyevsky… Tras el conflicto armado empieza a trabajar
como corrector de textos administrativos y decide aprender inglés.
La
cantante calva
Y es así como idea su primera obra con la que debutará, La cantante calva
(1950), comedia de un acto caracterizada por el surrealismo, sobre todo
en el aspecto verbal: su comicidad, fundada totalmente en el absurdo, se
convertirá en una constante en todas sus obras. La cantante calva
parte de una serie de diálogos que imitan las frases incoherentes de un
manual de conversación de lengua extranjera; Ionesco las mezcla y desordena,
explotando una fuente cómica inagotable. 
Así,
el lenguaje se convierte en el gran protagonista: las frases se deshacen
en un sin sentido; construye nuevas palabras y hace que toda la obra esté
impregnada de un lenguaje vivo. El espectador es el que, a la salida, debe
sacar sus propias conclusiones de una obra completamente absurda de un ritmo
vertiginoso.
Todas
las características de La cantante calva se repiten en sus siguientes
obras, La Lección (1951), Las sillas (1952), Víctimas del
deber (1953) o en las obras de tres actos Amadeo o cómo salir del
paso (1954) y Jacques o la sumisión (1955).En
ellas además Ionesco trata temas metafísicos mostrando la sociedad humana
privada de realidad y mostrando la nada que la envuelve.
El
rinoceronte
Pero será después de sus violentos ataques contra Bertol Brecht y su teatro
social (1956) cuando su obra, curiosamente, comienza a convertirse en una
denuncia social. Esta denuncia queda patente en Asesino sin paga
(1957), y sobretodo en su obra más famosa El rinoceronte (1959) que
le abre la puerta a los grandes teatros y de la que recibe grandes críticas.
Ionesco
se inspira en la subida del fascismo que vivió en Rumanía en 1937-38. Allí
fue testigo del cambio súbito que sufrieron muchos amigos suyos y de cómo
la comunicación entre ellos se volvió imposible. Aquí el fascismo Ionesco
lo transforma en una enfermedad, que convierte a todas las personas en rinocerontes,
y poco a poco invade a todo un pueblo (vemos la influencia de la Metamorfosis
de Kafka).
Así,
el protagonista ve como todos sus colegas, amigos, e incluso su amada, se
convierten en rinocerontes. El fascismo fue la primera idea en la que se
basó para la plaga que sufre el pueblo, pero después este simbolismo tuvo
un significado mucho más amplio.
Baste
decir, por ejemplo, que los rusos se negaron a representar la obra después
de la negativa de Ionesco a retocarla. El rinoceronte es una gran
obra crítica a todo totalitarismo donde la soledad del ser humano se convierte
en el tema principal. A esta pieza le seguirían después El rey se muere
(1962), El hambre y la sed (1966) y Macbeth (1972).
En
el panorama del teatro del siglo XX Ionesco se sitúa cerca de Beckett, aunque
con menor lucidez y fuerza poética como intérprete del malestar, las dudas
y la desesperación del hombre contemporáneo.