EL
HUMOR EN EL CÓMIC |
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NARIZÁN En los años 40 del siglo pasado, la época dorada de los cómics en España, ANTONIO AYNÉ dio vida a un singular personaje llamado Narizán. Como su nombre apunta, era una parodia del Tarzán de E. R. BURROUGHS, que aparecía vertido en viñetas bajo los pinceles de HAL FOSTER primero y HOGARTH después, en semanarios juveniles españoles como Aventurero y más tarde en Leyendas Infantiles. (También G. IRANZO utilizó la parodia de los héroes de la historieta norteamericana, buscando el perfil risible de Flash Gordon y Dale Arden con su estupenda creación de Pepito Rayo y Nina). AYNÉ ha sido calificado de narrador de desgracias del mundo modesto y cotidiano, con personajes que terminan fatalmente malparados. Se le acusaba de ensañamiento con los tipos buenos, y se dijo de él que había sido el historietista más cruel de TBO, en cuyas páginas colaboró a partir de su segunda época. Narizán, como todos los personajes cómicos, tenía una nariz de grosor regular, redonda, en forma de porra; lucía un curioso peinado con dos caracoles en la parte alta, vestía un taparrabos de piel de leopardo, y de un modo asaz incongruente, usaba guantes e iba calzado con gruesos zapatos. Sus peripecias se desarrollaban en la selva tradicional, con fieras más o menos salvajes y negros de salvajismo similar. Le editorial Marco se encargó de poner en el mercado sus aventuras, y lo hizo en los típicos cuadernos apaisados, de 15 x 21 cm. que se vendían al precio de 30 céntimos. Su éxito debió ser más que notable pues, al parecer, la serie alcanzó los 170 ejemplares. En 1947 tuvo un Almanaque propio, y un año después fue también visitante del Almanaque Extraordinario para 1948, con diversos personajes de la editorial (Hipo, Monito y Fifí, Cebollita y Rabanito y Pirulo, Tontolote y Pipo) en unas planchas firmadas por ESBERT. |
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