REVISTAS DE HUMOR


PAPITU (1908-1937)


La presencia casi simultánea durante cerca de treinta años de dos revistas satíricas a cual más popular, antítesis una de otra (En Patufet y Papitu, aquella derechista y conservadora y esta totalmente inclinada a la izquierda), se considera hecho sociológico de más que regular importancia en el terreno de la prensa catalana.

Papitu inició su publicación el 25 de noviembre de 1908, fecha histórica en el periodismo crítico de Cataluña pues coincidía con el aniversario del asalto de la redacción de Cu-Cut! por parte de oficiales de la guarnición de Barcelona con quema de sus muebles y papeles. Papitu, en contra de la costumbre tan arraigada en el género, no llevaba subtítulo.

Su formato era de 27´5 X 22 centímetros, constaba de 16 páginas impresas a una sola tinta, textos a dos columnas, estaba completamente escrita en catalán, dedicaba las páginas 2 y 15 a publicidad, la 14 a reproducir humor extranjero y destacó en bastantes números la publicación de un folletín, entre los que sobresalió "Càndit o l´optimisme", de Voltaire.

La redacción se situó en el número 38 de la barcelonesa calle Pelayo y la administración en el 14 de la Rambla de les Flors. Pasados los años 30 la impresión fue a dos tintas, rojo y negro, conservando el mismo formato. Se vendió a 10 céntimos hasta mayo de 1920, que aumentó a 15 y en 1932 subió a 20 céntimos.

El último número, extraordinario, costó 50 céntimos. Durante su larga existencia publicó diversos extras monográficos; fueron famosos los dedicados a los médicos, a los curas y a las mujeres de vida alegre.

También editó los tradicionales números almanaque cada doce meses. Papitu era el nombre por el que se conocía al gran crítico musical Josep Maria Pascual. Según Agustí Piracés, que llegó a ser director y propietario de la revista, la idea surgió en la tertulia "Catalunya", que reunía a los que serían después los principales colaboradores de la publicación. Se aceptó la propuesta y así se bautizó al periódico.

Veinticinco años más tarde, cuando ejerciendo un alto cargo en la República, Pascual recibió una denuncia contra Papitu, acusándole de ser "demasiado verde", contestó: "¿Y ustedes quieren que mate a este semanario, que ha venido a ser como un hijo espiritual mío?".

A lo largo de su historia registró diversas épocas. La primera, bajo la influencia de Feliu Elias "Apa" y su equipo, claramente moderada; casi en seguida la comandada por Francesc Pujols, también de moderación característica, en un proceso de corta duración con firmas de gran calidad literaria.

Pero superado el período impuesto por la dictadura de Primo de Rivera, se inclinó decididamente por la irreverencia, el trato totalmente irrespetuoso con las gentes de la Iglesia, y la pornografía, si bien lo pornográfico era más simbólico y de intención que de imagen, con dobles sentidos y simbolismos gráficos.

Principales colaboradores
El primer número reunió las firmas de López-Picó, Pompeu Gener, Manuel Reventós, Josep Carner y "Xenius", pero lo abandonaron rápidamente siendo sustituidos por otros escritores no menos notables: Francesc Pujols, Màrius Aguilar, Nogueras, Didac Ruiz y Rafael Moragues.

Con ellos escribieron Alexandre Soler i Rovirosa, Montero, Camps Margarit, Leonart, Vives Pastor y Jaume Brossa. Después llegaron Alfons Maseras, Prat Gaballi, Casas Vila, Tubau, Alfons Roure, Ferran Canyameres, Lluis Capdevila, Fontdevila, Almerich y Josep Maria Planas. Entre sus dibujantes destacaron, además de "Apa", Nonell, Ramon Casas, Xavier Nogués "Babel", Humbert, Torné Esquius, Smith, Juan Gris, Labaria, Gargallo, Colom "Adam", Cruz, Ramírez, Pidelaserra "Pius", Xavier Güell, Sun, Passarell y Antoni Ferrer.

Se les unieron después Bon, Rull, Lluis Elias "Anem", Max, Samuel, Abel, Pitus, Prat, Eduard Serra, Pierres, Pèrez del Muro, Valentí Castanys, Roqueta, Ricard Opisso, Benigani, Bosch, Bernard, Tusell y Garrido.

Paradójicamente la venta del semanario fue inversamente proporcional a su calidad. Cuando contaba con colaboraciones literarias de gran categoría sus cifras apenas alcanzaban los 5.000 ejemplares y, en cambio, al seguir la línea pornográfica llegó a los 40.000 y aún los superó en los años veinte, época culminante de la publicación.

Como tantas revistas del género, desapareció con la guerra civil.