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EL PAPUS (1973-1987)
Subtitulada "revista satírica y neurasténica", nació el 20 de octubre de 1973
y prolongó su vida durante catorce años. De periodicidad semanal, se convirtió
en mensual en 1986. A lo largo de su historia varió cuatro veces de formato:
25 x 32, 5 cm., 26 x 24, 25,5 x 33,5 y 23,5 x 31. Empezó constando de 32 páginas
y posteriormente alcanzó las 40. Estaba impreso en cuatricomía y contaba con
ocho páginas a todo color sobre papel estucado.
Fue propiedad de Elf Ediciones (la misma empresa de Barrabás) y a partir
del núm. 45 perteneció Ediciones Amaika S.A. Comenzó tirando 115.000 ejemplares,
y alcanzó el máximo en marzo de 1976 con una tirada útil de 400.000 y una
difusión total próxima a los 230.000. A partir de ahí inició un declive, pero
entre los veranos del 78 y 79 su difusión todavía era de 62.000 ejemplares
según el control de la OJD.
Principales
colaboradores
Fue su director Xavier de Echarri Moltó y colaboradores literarios
iniciales Antonio Bigatá, Ramón Berenguer, Román Hazo, Rogelio Molina,
Ernesto Molina, Sebastián Bragado y Pigasus. En 1974 se incorporaron
Cristina Dachs, Antonio Franco, Jaime Figueras, Claudio Montaña, Julián
Guardiola y Marcel Berges; en 1979 Sergio, Maruja Torres,
Jordi Molins y Alberto; en 1982 Enric Sopena, A. Tiro y
F. Arroyo; y en 1984 Ramoncín. De la parte gráfica comenzaron
ocupándose Óscar, Ivá, Snif, Ja, Soc, Ludovico y Nieto-Ventura-García.
Y a partir de 1974 dibujaron en sus páginas Vives, Gin, Esparbé, Oli,
García Lorente, Tom, Ventura&Nieto, Manel, Fer, Joma, Carlos Giménez,
Mordillo, L´avi, Kalondi, Alfons, Usero, Tha, Pierino Llobet, Vázquez
(con el pseudónimo de sappo) y alguno más.
El
Papus ofrecía cada semana un tema estrella que tenía que ver con las circunstancias
sociopolíticas del momento: los derechos de la mujer, la contaminación, el
coche, la emigración, la publicidad…; y sección señera era "La Papunovela",
un fotocollage a todo color sobre el tema general de la semana. Poco a poco
se fue imponiendo la parte gráfica, con páginas completas, caricaturas y cómics,
reduciendo a segundo término el texto.
La calidad estética era inferior a la de los principales semanarios de humor
con los que compartía mercado, pero en lo que se diferenció de sus compañeros
fue en la furia de sus ataques contra las consideradas lacras de su época:
el puritanismo, la represión, la religión, la policía. Nadie había ido tan
lejos (ni llegaría después) en la contestación a los valores establecidos
con un humor tan negro, salvaje, feísta, brutal y anarquista.
Ello
tuvo el correspondiente reflejo en las respuestas administrativas: el secuestro
de un número, una primera suspensión por cuatro meses (5 de julio a 25 de
octubre de 1975) y una segunda suspensión por otros cuatro meses (27 de marzo
a 24 de julio de 1976).
Y
por si esto no fuera suficiente, un atentado terrorista con paquete-bomba
el 20 de septiembre de 1977 en el que resultó muerto el trabajador Joan Peñalver
y heridos otros diecisiete.
El
Papus, pese a los ataques reaccionarios, prosiguió su carrera desenfadada
y agresiva casi dos lustros más. Al final, el desencanto de los intelectuales
y el desentendimiento del mercado, consiguieron lo que no habían logrado los
fascistas.
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