EL
HUMOR EN EL CÓMIC |
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PEPITO RAYO En 1946, G. IRANZO (JUAN GARCÍA IRANZO, 1918 - 1998) escribió y dibujó para editorial Toray, Las aventuras de Pepito Rayo y Nina. Se trataba de cuadernos apaisados que pronto alcanzaron una gran popularidad. Pepito era un niño con un carácter totalmente adulto (hasta el extremo de que ya en su primer episodio conocía a Nina, una joven reina selenita, que se convertía en su esposa). Si
por aquella época había surgido Narizán
como parodia de Tarzán, Pepito Rayo y Nina fueron la chanza de las
space-opera protagonizadas por Buck Rogers y, sobre todo, por Flash
Gordon con Dale Arden, que eran los iconos del mundo gráfico
y aventurero de entonces. En el arranque de la saga IRANZO presenta a su héroe como un juvenil científico, que acaba de conseguir la desintegración del boniato (Un año antes Estados Unidos había hecho estallar sus dos bombas atómicas en Hirosima y Nagasaki, y el tal tubérculo había sido elemento fundamental de la dieta de muchos españoles en los llamados "años del hambre"). La energía que libera es superior a la de la fisión del uranio, y con ella hace volar un cohete que lo traslada por diversos planetas del sistema solar. Tras una estancia en la Luna, llegará después a Marte, y más tarde logrará visitar Júpiter y Saturno. Hay, además, alguna otra alusión crítica a la problemática nacional de la época: los volcanes de la Luna resultan ser viviendas en alquiler, y por eso Pepito, al descubrirlo, comprende por qué los novios miran a nuestro satélite (refiriéndose a la falta de vivienda existente tras el fin de la guerra civil); pero son más frecuentes las ironías a costa de las andanzas del personaje de RAYMOND: los hombre-gallo en lugar de los hombres-halcón, los hombres-rana, aludiendo a los hombres-pez raymondianos, y toda una serie de híbridos humanos como mofa a los que pueblan el planeta Mongo, tal los hombres-martillo, los hombres-ametralladora, los hombres-rata y un largo etcétera. Aunque se ha acusado a los guiones de Pepito Rayo de cierta puerilidad, lo cierto es que sus páginas disfrutan de un gran dinamismo, una acción casi cinematográfica, y una ingenuidad deliciosa. Las aventuras de Pepito Rayo y Nina se prolongaron a lo largo de dieciocho cuadernos. Aunque se anunció un decimonoveno, éste no llegó a publicarse. |
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