Teoría
de la gloria súbita: Thomas Hobbes
La teoría del humor Thomas Hobbes sobre la «gloria súbita» es uno de los
criterios mejor conocidos sobre la risa y uno de los que más se preocupan
del problema psicológico.
Hobbes
sostuvo que la risa es el resultado directo de la percepción de que la otra
persona es inferior a uno mismo. Por ejemplo, un amigo choca contra una
farola, un músico falla una nota o un actor cómico hace el papel de tonto
o incompetente.
Entonces, la pasión de la risa proviene de la visión instantánea de nuestra
grandeza. Nuestro propio espíritu se siente superior, comparándonos con
las debilidades de los otros hombres.
Existe
una pasión que no tiene nombre, cuya expresión exterior es la risa, que
siempre es alegría. Esta alegría no se debe a la mera percepción de un chiste,
porque los hombres ríen por infortunios e indecencias, donde no existe ingenio
ni broma alguna (Thomas Hobbes: Human Nature, cap. ix).
Sea
lo que fuere que cause risa debe ser inesperado; este elemento es una «gloria
súbita»: El entusiasmo repentino es la pasión que mueve a aquellos gestos
que constituyen la risa; la causa o bien algún acto repentino que a nosotros
mismos nos agrada o la aprensión de algo deforme en otras personas, en comparación
con las cuales uno se ensalza a sí mismo. (Leviatán, pp. 87-88.)
Es
evidente que esta alegría implica un claro sentimiento de superioridad.
Reír mucho ante los defectos de los demás es signo de pusilanimidad, porque
al hacerlo adquirimos superioridad sólo por virtud de la inferioridad de
los otros. (Ibíd., p. 163.) Esta postura encontró bastantes seguidores.
El
moralista y ensayista inglés Joseph Addison, un siglo antes, ya había apuntado
la teoría de Hobbes con ejemplos que trataban de demostrar que siempre podemos
atribuir la risa a un súbito sentimiento de superioridad. Alexander Bain
amplió en parte la teoría de la «gloria súbita».
El triunfo sobre un enemigo constituye una de las causas de la risa, siendo
el origen de aquella que «bajo un arrebato de actividad, cuando nuestro
trabajo está hecho, necesitamos dejar escapar el vapor, y esto se consigue
mediante espasmódicos estallidos de risa.» (The Emotions and the Will, cap.
x.)
Existen
argumentos en contra. No consideramos adecuada la teoría de la risa de Hobbes
para explicar todos los hechos cómicos, por varias razones. Su planteamiento
presenta dos defectos: No intenta explicar la risa por puro deleite, cuando
no incluye superioridad, y, además, no da razón de la risa que surge frecuentemente
en situaciones en las que no está involucrado ningún sentimiento humano.
Como
argumento opuesto a la teoría, el poeta escocés James Beattie ya había comentado
el hecho de que los que se ríen no son necesariamente orgullosos ni personas
serias que humillan a otros.
También
Voltaire había antes refutado esta supuesta relación causa-efecto: Como
sólo reímos por lo que nos divierte, algunos autores han supuesto que la
risa nace del orgullo, que se juzga superior a aquél de quien se ríe. [...]
Sin embargo, no es el orgullo el que nos provoca la risa; el niño que ríe
de todo corazón no se entrega a ese placer por creerse superior a los que
le hacen reír. (Diccionario filosófico, vol. ii, p. 520.)
Más tarde el historiador holandés Johann Huizinga, en su obra Homo ludens,
afirmaría que el verdadero buscador de la verdad no se enorgullece de triunfar
sobre un rival.
También
cabe aducir que, en el caso de que riamos ante un cantante que falla una
nota que nosotros no podemos dar, no interviene ahí la propia superioridad.
Además, si sólo la superioridad fuera causa de risa, el hombre adulto reiría
constantemente del niño, el civilizado del salvaje, etc.
Enrique
Gallud Jardiel